22 Septiembre 2019
XXV Domingo del Tiempo Ordinario
Año C
La astucia agradable a Dios no es la deshonesta de los que se enriquecen, sino el saber transformar los bienes en relaciones, en el camino del compartir.
Escuchamos hoy una palabra desconcertante, este patrón que alaba su administrador no importando su deshonesta. En realidad, no es la deshonesta que viene alabada, sino la astucia. Esta consiste sobretodo en un aspecto: hacerse amigos con una riqueza deshonesta. El administrador astuto, comparte con los pobres, transforma los bienes en aquellas relaciones que lo acogerán en la demora eterna. Cierto, permanece el problema de la deshonesta. Jesús nos pide de estar fieles y Amos condena quien se enriquece en modo fraudulento acosta de los pobres. Permanece el modo en que Dios quiere que permanezcamos fieles a los bienes no consiste en regresarlos a Él enteros ni multiplicados, sino que los compartamos con quien tiene necesidad. Esta es la astucia de vivir: una inteligencia creativa de quien, teniendo un instinto profundo del misterio de Dios, conforma a sí mismo su anhelo.
Comentario de la Comunidad de Dumenza
Traducción de dom Elias OSB