2 Septiembre 2018
XXII domingo del Tiempo ordinario – Año B
El corazón puro es fuente de unidad en nosotros, con Dios y con los demás. Los malos pensamientos son signos de división y general división.
Dt 4,1-2.6-8; Sal 14 (15); Stg 1,17-18.21b-22.27; Mc 7,1-8.14-15.21-23
Dios es un Dios cercano, asegura Moisés: «hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está Yahvé nuestro Dios siempre que lo invocamos» (Dt 4,7). Es nuestro corazón el que se aleja de Él: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí» (Mc 7,6; cf. Is 29,13). No se inicia una relación con Dios preocupándose de la exterioridad del cuerpo, sin custodiar la verdad del corazón. El corazón es el centro de unidad y discernimiento entre el espíritu y la carne, lugar de encuentro entre Dios y nosotros. El corazón es también el espacio de apertura al prójimo y fuente de amor que Santiago considera como la religión pura (Cf. Stg 1,27). Los malos pensamientos son solo signos de división. Purificarse significa reconciliar lo que en nosotros esta dividido.
Comentario de la Comunidad de Dumenza
Traducción de dom Elias OSB