22 Marzo 2020
IV Domingo de Cuaresma
Año A
Jesús, luz del mundo cura nuestra ceguera, permitiéndonos ver como el ve Dios, con el corazón, y haciéndonos hijos de la luz.
Jesús es la luz del mundo y, como cura el ciego de nacimiento, así desea restituirnos también la vida. Aunque si nos vemos bien, no debemos presumir de nosotros mismos y de la profundidad de nuestra mirada. Jesús nos previene, con una palabra exigente y severa: «si fueran ciegos, no tendrían algún pecado, pero como dicen: “nosotros vemos”, su pecado permanece». Tenemos necesidad de ver diferente, de la manera que Dios revela al profeta Samuel, cuando le pide ungir un nuevo rey en lugar de Saúl. Samuel ve solo las apariencias, dejándose sugestionar por ellas, no es capaz de ver el corazón, como hace Dios. «Dios ve el corazón». Se puede ver en profundidad, como ve Dios, escuchando su palabra y juzgando a partir del proprio corazón, basta que sea un corazón tierno de carne y no duro de piedra.
Comentario de la Comunidad de Dumenza
Traducción de dom Elias OSB