1 Enero 2020
Maria SS. Madre de Dios
Octava de Navidad
En Jesús, en el nombre humano que el Hijo de Dios recibe, podemos ahora pronunciar también el nombre de Dios y en el Espíritu gritar «Abbá! Padre».
El tema del nombre abarca toda la liturgia de hoy. En Numeros Dios pide a Aron y a sus hijos de bendecir a los Israelitas y de ponerles un nombre. Traspare en el nombre que viene impuesto al hijo de Maria, «Jesús», que significa «Dios Salva». Aquel nombre revelado a Moises en el roveto ardiente no podía ser pronunciado. Ahora, por el hecho que el hijo de Dios recibe un nombre humano, también el nombre de Dios se convierte en un nombre pronunciable. Dios había ordenado a los Israelitas de no pronunciar su nombre. En Jesus, en su Espíritu, ahora podemos hacerlo. Es este un misterio grande: tenemos necesidad del silencio de Maria, de su atención, de su receptividad, para cuidarlo y meditarlo. En la paciencia del tiempo, en la sapienza vital de un grembo materno.
Comentario de la Comunidad de Dumenza
Traducción de dom Elias OSB