6 Octubre 2019
XXVII Domingo del Tiempo ordinario
Año C
La fe autentica no nos hace cumplir cosas extraordinarias, como desgarrar moras, pero nos hace vivir en el justo modo los servicios más ordinarios.
«El justo vivirá por su fe», afirma Habacuc, y fe verdadera, nos consiente de vivir las responsabilidades ordinarias con la justa actitud, de aquellos que saben reconocerse «inútiles», es decir, simples siervos, que hacen lo que deben hacer. La imagen del patrón es aquí muy dura. Hoy Lucas, más que una actitud de patrón, entiende revelarnos cuál debe ser la actitud de los servidores. Solamente aceptando que el servicio en sí no confiere méritos o derechos, el siervo podrá experimentar la gratuidad de Dios. Reconocerse servidores inmerecedores significa descubrir la gratuidad de Dios, generosidad que excede nuestros límites. Romper la lógica de la recompensa para abrirla a la gratuidad abre la relación a una fe recíproca. El siervo no tiene pretensiones por su trabajo y el patrón no condiciona su fidelidad por cuanto hace el siervo.
Comentario de la Comunidad de Dumenza
Traducción de dom Elias OSB