7 Julio 2019
XIV Domingo del Tiempo Ordinario
Año C
Hay un desequilibrio constitutivo de la misión, que se realiza en la debilidad de la cruz para testimoniar la fecundidad de la Pascua.
Is 66, 10-14c; Sal 65 (66); Gal 6, 14-18; Lc 10, 1-12.17-20
«Mira, yo hare cae sobre de ella como rio, la prosperidad; como un torrente pleno, riqueza de los pueblos» (Is 66,12). La promesa de Dios, anunciada de Isaías, se realiza ahora a través de los discípulos, enviados a anunciar «paz a esta casa» (Lc 10,5). El río parece convertirse un pequeño riachuelo de agua, con esos hombres que, en su pobreza y debilidad son expuestos a la acogida o al rechazo. Vienen enviados como pocos obreros en una mies abundante. La misión se abre a la fecundidad de la Pascua: la mies no significa solamente el campo de trabajo demasiado pesado para nuestras fuerzas, sino la sobreabundancia escatológica de la cosecha, obra de Dios. Y los corderos entre los lobos se convierten en signo profético de la paz mesiánica anunciada en Isaías, cuando el lobo vivirá con los corderos (11,7).
Comentario de la Comunidad de Dumenza
Traducción de dom Elias OSB