28 de Abril 2019
II Domingo de Pascua
Tomas debe vivir un pasaje pascual para encontrar el Resucitado: de la curiosidad de tocar con mano al saberse de Él reconocido y amado.
At 2, 42-47; Sal 117 (118); 1 Pt 1,3-9; Jn 20, 19-31
El Evangelio de Juan nos describe el ritmo de una comunidad cristiana, que cada ocho días, en el día del Señor, se reúne para celebrar la pascua del Señor Jesús. La mirada del evangelista se dirige particularmente a la incredulidad de Tomás, el cual está ausente en el día de pascua, probablemente porque no creyó el anuncio de María magdalena. El Señor se manifiesta a Tomás cuando está junto a los otros discípulos profesando una fe que es: personal –“Señor y Dios mío”– y al mismo tiempo comunitaria y eclesiástica. Tomás vive, asimismo, otro proceso pascual: pasa de su deseo de tocar con la propia mano la llaga de Cristo a la experiencia de ser aceptado por Cristo, que conoce muy bien su duda. El encuentro con el Resucitado es siempre una experiencia de amor misericordioso che vivifica y reconcilia.
Comentario de la Comunidad de Dumenza
Traducción de dom Elias OSB