3 Febrero 2019
IV Domingo del Tiempo Ordinario
Año C
El hoy de la salvación rebela la belleza de Dios con nosotros. He aquí la buena noticia que, a diferencia de los nazarenos, debemos saber acoger.
Jer 1,4-5.17-19; Sal 70 (71); 1 Cor 12, 31-13,13; Lc 4, 21-30
En la narración de Lucas, todo el contexto histórico es enmarcado por el ‘hoy’. El primer ‘hoy’, de hecho, resuena en el momento del nacimiento: « hoy ha nacido para ustedes un salvador». El último hoy resuena en el momento de la muerte: «hoy estarás conmigo en el paraíso». Observamos que hay un cambio en la proposición entre los dos hoy: el salvador ha nacido hoy para ustedes, lo anuncian los ángeles; tú estarás hoy conmigo, declarado por Jesús. Él nace para nosotros con la finalidad de que podamos estar con Él delante del Padre. Que Jesús había vivido diez años en Cafarnaúm parece no tener alguna relevancia para sus habitantes. Al contrario pareciera motivo de repudio. Lo que Jesús hace por nosotros es un signo profético de un Dios que está con nosotros y nos hace llegar su salvación.
Comentario de la Comunidad de Dumenza
Traducción de dom Elias OSB