16 septiembre 2018
XXIV Domingo del Tiempo ordinario – Año B
La fe es viva, si genera una vida coherente con lo que creemos. Obra verdadera de la fe es la séquela de Cristo resucitado.
Is 50,5-9a; Sal 114 (116); Stg 2, 14-18; Mc 8, 27-35
Santiago recuerda la relación entre fe y obras. La fe es viva, si genera una vida coherente con lo que decimos. Marcos describe: que para Pedro y los otros discípulos creer en Jesús significa seguir sus mismos pasos. Si no podemos permanecer detrás de Jesús, si pretendemos conocer su misterio sin asumir las exigencias de la séquela, nuestra fe será solamente pura idolatría. A Satanás no le interesa que Pedro confiese la identidad mesiánica. Los diablos lo han hecho ya antes y en una forma más precisa; lo que no tolera es que Jesús ame, hasta dar la vida por los pecadores, hasta por aquellos que lo crucificarán. En otros términos, como el siervo sufriente del libro de Isaías. Solamente en la séquela de Cristo resucitado podremos cumplir la obra que, como dice Santiago, muestra la verdad de nuestra fe.
Comentario de la Comunidad de Dumenza
Traducción de dom Elias OSB