29 Septiembre 2019
XXVI Domingo del Tiempo ordinario
Año C
La riqueza hace ciegos e indiferentes, y la indiferencia, que crea un abismo entre nosotros y los pobres, establece un abismo también entre nosotros y Dios.
Mientras los ricos, no se preocupan de la destrucción de la casa de José, ocupados como están de disfrutarse la vida llenándola de lujos, Dios se preocupa de los pobres. Lo recuerda el nombre del pobre de la parábola de Lucas. El rico permanece sin nombre, su incapacidad de reconocer a aquel que esta tirado en la puerta lo hace desconocido a los ojos de Dios, el pobre posee solamente la riqueza de un nombre, Lázaro, que significa «Dios socorre». Él, que fue tirado por tierra por la indiferencia de los poderosos, es acogido en la intimidad de Dios. Un abismo lo separa del rico que ni Dios, ni la muerte, ni un hecho indescifrable ha creado, porque al establecerlo fue la propia indiferencia del rico. El peligro de la riqueza es este: mas que hacerte malo, te hace ciego.
Comentario de la Comunidad de Dumenza
Traducción de dom Elias OSB