3 Marzo 2019
VIII Domingo del Tiempo Ordinario
Año C
Nuestro cuerpo mortal será revestido de inmortalidad, pero desde ahora la Pascua transforma nuestro cuerpo, renovando ojos, boca, corazón.
Sir 27,5-8; Sal 91 (92); 1Cor 15,54-58; Lc 6,39-45
Nuestro cuerpo mortal será vestido de inmortalidad: así San Pablo anuncia la resurrección futura. Esta corporeidad trasfigurada, que nos vendrá donada después de la muerte, puede trasformar desde ahora nuestra relación con nuestro cuerpo, imprimiéndole los signos de la vida nueva generada en nosotros por la Pascua de Jesús. Las lecturas de hoy nos invitan a poner atención a los ojos, a la boca, al corazón. Es el árbol bueno que produce frutos buenos y no, al contrario, los frutos hacen que el árbol sea bueno. Frecuentemente nos preocupamos de los frutos que nuestra vida lleva; debemos tener mas atención a las raíces y al terreno del cual se alimentan. Debemos arraigar las raíces de nuestra vida en la relación con Dios; entonces el tesoro del corazón sabrá exprimir palabras buenas y consentir a los ojos de estar en luz.
Comentario de la Comunidad de Dumenza
Traducción de dom Elias OSB