9 Septiembre 2018
XXIII Domingo del Tiempo ordinario – Año B
Liberando el sordo de su enfermedad, Jesús nos enseña que son propio los pobres y los pequeños a ser los herederos privilegiados del Reino.
Is 35,4-7a; Sal 145 (146); Stg 2,1-5; Mc 7,31-37
Dios ha elegido «Los pobres a los ojos del mundo, que son ricos en la fe y herederos del reino, prometido a aquellos que lo aman» (cf. Stg 2,5). Los dos testigos de Santiago y de Isaías nos permiten releer en una justa prospectiva los signos que Jesús obra, como la curación del sordomudo que narra Marcos. Liberándolos del mal, Jesús se hace cargo de la vida de ellos, enseñándonos que son los pobres, los pequeños, los descartados, a ser los herederos privilegiados del Reino. Los oídos se deben destapar para escuchar esta hermosa noticia; su lengua se debe destrabar para proclamar el cumplimiento de la creación de parte de Dios. Effatá: es una palabra pronunciada en nuestro bautismo. También nosotros, bautizados en Cristo, somos herederos del Reino. El Señor ‘abre’ nuestra vida para rendirla como signo profético del Reino.
Comentario de la Comunidad de Dumenza
Traducción de dom Elias OSB