3 Noviembre 2019

XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

Año C

El Señor nos sigue visitando con su salvación. La hora de su venida debe concidier con la hora de la conversión, suscitada de su don.

Sap 11,22-12,2; Sal 144 (145); 2Ts 1,11-2,2; Lc 19,1-10

Escribiendo a los tesalonicenses, Pablo los invita a no considerar la venida del Señor como inminente, el que no significa abandonar una actitud de espera fiel, sino tener la capacidad de discernir las varias señales con las cuales el Señor visita nuestras vidas, como lo hace con Zaqueo. En la narración de Lucas, Zaqueo es el último personaje que Jesús encuentra antes de subir a Jerusalén. En tal modo el evangelista ofrece, la llave de interpretación para comprender la Pascua de Jesús. El hijo del hombre vino a salvar lo que estaba perdido. Inútil interrogarse – como querían hacer los tesalonicenses – en la hora en la vendría el hijo del hombre. La hora de conocer es aquella de la propia conversión, generada de la acogida de la salvación del Señor que nos visita ya en nuestro tiempo, en nuestras casas.

Comentario de la Comunidad de Dumenza
Traducción de dom Elias OSB

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