18 Agosto 2019

XX Domingo del Tiempo ordinario

Año C

La paz que Jesús nos dá exige una purificación del deseo y no nos da paz hasta que nuestra responsabilidad hacia los demás genere vida.

Ger 38,4-6.8-10; Sal 39 (40); Eb 12,1-4; Lc 12,49-53

Tener fija la mirada en Jesús, como nos invita a hacer la carta a los Hebreros, significa también fijar su deseo. En las palabras de Jesús emergen, sea el deseo – «cuando quisiera» – sea la angustia – «que angustiado estoy»-. Imaginamos el deseo como una dinámica siempre gratificante. Al contrario, el cumplimento del deseo exige muchas veces un despojo de sí mismo, una renuncia. El deseo de Jesús no coincide con la búsqueda del proprio bien, sino del bien de muchos. En la primera lectura, Ebed – Mélec tiene el coraje de poner una espada de división entre la propia conciencia y la voluntad de los notables de su pueblo inclusive del mismo rey Sedecias. Expone la propia vida con el propósito de librar Jeremías de una muerte cierta. Eh aquí la verdadera paz que estamos llamados a vivir.

Comentario de la Comunidad de Dumenza
Traducción de dom Elias OSB

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