24 Febrero 2019

VII Domingo del Tiempo Ordinario

Año C

Para aprender a amar el otro, incluso al enemigo, debemos aprender a juzgarlo a partir de lo que Dios ha realizado, sea en mi sea en él.

1 Sam 26, 2. 7-9.12-13.22-23; Sal 102 (103); 1 Cor 15, 45-49; Lc 6, 27-38

«Amen sus enemigos … Sean misericordioso, como su Padre es misericordioso», afirma Jesús. La primera lectura nos muestra David capaz de estos comportamientos, cuando perdona la vida de Saúl, que en ese momento lo estaba persiguiendo. Desde el capitulo 18, el primo libro de Samuel nos había dicho que Saúl veía a David «con desconfianza» (cf. 1 Sam 18,9). David sin embargo ve a Saúl de un modo diferente. Algunos definen Saúl «enemigo» mientras para David es «el consagrado del Señor». Una mirada a aquello que encontramos en San Pablo, que define el hermano como alguno por el cual Cristo murió, como murió por mi (cf. 1 Cor 8,11). Cambia la mirada hacia el otro si lo fundamos respecto a lo que el Señor ha hecho por mi y por él. Podemos comprender así que la invitación de ser misericordioso.

Comentario de la Comunidad de Dumenza
Traducción de dom Elias OSB

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